Acerca de la Soledad

“Tengo una soledad  tan concurrida, que puedo organizarla  como una procesión, por colores, tamaños y promesas; por época, por tacto  y por sabor.”

Por Adrián García

Ensenada.- I

“Había esta Señora de la tercera edad en el barrio, recién viuda que cada 5 días – más o menos- llamaba a la policía para denunciar disturbios inexistentes solo para tener con quien platicar. Los policías se dieron cuenta al poco tiempo, porque ella en vez de explicar los disturbios los invitaba a tomar café con pan. Lejos de molestarse o de advertirle que eso no se podía hacer, se fue formando una especie de club de fans donde cada cierto tiempo los policías llegaban con ella a platicar. Entendían que solo era una persona que quería compañía. Entendían su soledad”

II

“En el verano en el que trabaje haciendo hamburguesas, siempre llegaba este Señor junto con su esposa, los dos ya muy mayores y se les dificultaba caminar, pero era adorable verlos ayudarse mutuamente a comer. Ella le limpiaba la cara, el le abría los paquetitos con los condimentos y preparaba su hamburguesa. Todos murmurábamos que ese era lo que uno quería para si mismo, ¿Sabes? Esa sensación de pasar toda una vida juntos y no cansarse el uno del otro. Un buen día dejaron de ir, si bien se nos hizo extraño, la vida tan ajetreada del local en pleno verano hizo que fuera breve tema de conversación, aunque supongo que no fui el único que pensaba en ellos de manera ocasional. Algo así como a las 2 semanas me toca llevar orden y ahí estaba el, esperando lo de siempre, pero en vez de la presencia física de su esposa él puso la foto de ella en sus mejores años respaldada sobre el servilletero, lucia radiante con un vestido floreado y un peinado sacado de lo más clásico de los 50, el mar de fondo y una sonrisa de oreja a oreja. Era lógico suponer que había pasado. Aun así, seguía abriendo los paquetillos de los condimentos y los ponía en la hamburguesa de ella. No comía, ni siquiera picoteaba se limitaba a poner la mirada sobre su ventana y sobre la foto…callado, perdido en sus pensamientos. Renuncie al poco tiempo, pero pienso en ellos, en él ha seguido.”

III

“Será por que la ciudad es grande, vibrante, activa, quizá por eso se me hace tan solitaria. “Es Nueva York!, por supuesto que encontraras amigos” hasta que llegas aquí y es la misma vaina de toda tu vida. Es difícil encontrar amigos cuando no tienes habilidades sociales para hacerlo. ¿Amor? Imposible”

“Y terminas comiendo en un restaurante solo un sábado por la noche, mirando a tu alrededor y viendo que eres la única mesa de uno. Estás rodeado de vida, pero sientes que no tienes una. Todos tienen una vida, ¿por qué yo no? Hasta el desdén de la mesera te duele, tratas de entenderla. Recibirá mejor propina de una mesa de 4 que de una mesa de uno, pero te duele.”

 

“Y entonces escapas. Te escapas en línea, en libros de ficción, en Netflix y Hulu, y sobre todo en tu trabajo. Y cuando menos piensas ya pasaron 10 años, caminas por la gran ciudad, entre sus rascacielos y sus luces sintiendo como se te va un poco cada vez más la vida…. ocupo ir a terapia creo yo”

 

 

 

 

IV

 

A veces veo familias jugando a la pelota, nenes que se carcajean al ser aventados al aire y que gritan “¡otra vez, otra vez!”, parejas que descansan estómago con estómago, cara a cara y siento ese vacío. Ese vacío que te dice que la vida es para estar acompañado. Si bien siempre he sido solitario, más cómodo en los silencios que en los ruidos, no veo a quien le guste sentirse solo. Por supuesto amigas y amigos me dan sus buenas vibras de “ya llegara” y cosas por el estilo y no se como explicarles que no sufro por eso, pues no es compañía lo que quiero por el hecho de tenerla, no hay peor soledad que aquella de tener a alguien que te hace sentir solo, creo que se trata de tener esa compatibilidad que se da y florece al momento de conocer a alguien especial. He estado estancado en un lugar donde no pertenecía, estático por espejismos irreales inventados, pero es hora de volver a empezar. Es todo lo que queda, volver a empezar.