De Argentina a Alaska y de regreso

Por Nelly Alfaro

IMG_20140319_130946Ensenada.- Hace tres años y tres meses decidieron salir de su natal Bahía Blanca, en Argentina, cerca de la Patagonia, para emprender el viaje que sin duda ha cambiado sus vidas.

Ellos son Guillermo Raitzin y Aimé Sánchez, una pareja de amorosos de la vida, de la aventura, de conocer y experimentar cosas nuevas, nuevos lugares, nuevos y mejores placeres.

Cuentan que en Argentina, tenían un trabajo común y corriente, con pocas oportunidades de viajar por lo que decidieron dejar todo un 5 de diciembre del 2010. Con solo mil dólares en el bolsillo hicieron la ruta “de lo que más les gusta, viajar;  una pasión que para ellos sobrepasa las expectativas y una manera de enriquecerse como seres humanos”.

Compraron una camioneta modelo 1994, la cual acondicionaron para emprender el viaje de sus vidas; adquirieron un baño químico, una garrafa con mechero para las tareas culinarias, una  navaja, una linterna, mapas y las bolsas de dormir. Los regalos especiales los acompañaron, como recuerdo de cada uno de quienes apoyaron su travesía.

“Así, después de siete meses de planificar el viaje y de una despedida emotiva de amigos y familiares, partimos hacia lo que sería la gran aventura de nuestras vidas. Muy emocionados transitamos el primer par de kilómetros sintiéndonos los viajeros más osados del planeta, en una especie de nave nodriza recorriendo las afueras de Bahía Blanca”, compartió.

La manera de solventar el viaje

Pasaron los días y el presupuesto con el que habían salido de Argentina se agotaba; la forma en que adquieren efectivo para solventar este viaje, es a base de la creación de artesanías que venden en las ferias de los pueblos donde han estado.

Aimé, es la creadora y diseñadora, mientras que Guillermo es la mano de obra que confecciona hermosos y coloridos aretes de vidrio. Con orgullo muestran las creaciones que realizan para ofrecer a módicos precios y así, seguir con la hermosa locura de llegar hasta Alaska.

Su paso por México

Antes de llegar a México, sobrepasaron hermosas experiencias y algunas no tanto; Dice Guillermo que lo más difícil que han vivido en este viaje, fue cuando cruzaron de Colombia a Panamá.

Debido a que no hay paso por tierra, tuvieron que embarcar la camioneta para ellos irse en velero, sin imaginar que estarían cuatro días a la deriva, en mar abierto, sin nada ni nadie a su alrededor más que los sonidos que acompañan el día y la noche.

“Fueron cuatro días a la deriva; el mástil estaba roto, la batería, el sensor; aún no sabemos cómo salimos vivos de ello y cómo logramos volver a tomar fuerza para continuar con nuestro viaje, pero, salimos”, relatan.

Tras esta experiencia, llegan a México para recorrer diferentes Estados; estuvieron en Oaxaca, Nayarit, Chiapas, Guanajuato y el poderoso Distrito Federal, donde pudieron hacer un libro que ahora comparten por cada rincón que visitan y en el que relatan la primer etapa del viaje.

De este país, tienen en la memoria y en el corazón a familias, personas, lugares que se han quedado ya con ellos, que como dice Guillermo, historias y gente a las que inevitablemente quedarán enganchados para siempre.

Sorprendida al ver cómo se expresan de esos lugares, pienso, ¿Y Michoacán? Los cuestiono, y sin tartamudear explican que no es cómo dicen. Fueron advertidos de no pasar por ahí, ni por Acapulco, lugares que están en la mira de todos a diario, por lo que ya sabemos. Una violencia recrudecida y acrecentada.

“Debíamos tomar precauciones, pero, al paso por ahí nos dimos cuenta que no estaba tan mal como decían, es mucho más tranquilo de lo que creen”, y sonrió.

Siguieron la travesía hasta llegar a Ensenada, donde esperan hace tres días una pieza para que la camioneta donde viajan, vuelva a andar.

El puerto ha sido amable, su gente también. Han conocido lo mejor de la Bella Cenicienta, los ha acogido con gusto, como cada uno de los sitios que han conocido.

Continuarán hasta Tijuana para cruzar otro país, otras costumbres, otra gente, para llegar a Alaska en agosto próximo, cuando la nieve baje y sea menos peligroso el trayecto y después, volver a Argentina para reunirse con su familia.

Aunque, siempre quedará la idea de volver al camino.

Lo mejor que han obtenido de este viaje es el contacto humano, el corroborar que somos más los buenos y que a pesar de la diferencia de nacionalidad, creencia, religión o costumbre, somos muy similares y que las “almas caritativas, la gente buena, persiste”.

Yo, me quedo con la esperanza de que algún día rodaran de nuevo por aquí y los encontraré y me reafirmaran que el hacer lo que te gusta, con pasión, con amor y persistencia es la clave de un buen viaje, es la clave, de la vida.

Gracias Guillermo y Aimé. Feliz Viaje.