El Tiburón y La Sirena

“Nadie sale de casa a menos que

el hogar sea la boca de un tiburón”

Warsan Shire

 “Tijuana Makes me Happy”

Nortec

Por Adrián García

Ensenada.- Creo que no es necesario recordar la realidad migrante de Tijuana. Todos sabemos que es una ciudad receptora de muchísimas nacionalidades de todo el orbe que llegan a la ciudad en busca de forjarse un camino hacia Estados Unidos o bien, para asentarse en la coqueta del pacifico. Es por eso que resulta impactante la virulencia con la que se ha expresado una buena parte de la población con el tema de la caravana.

No debe asustar a nadie que se tengan reservas acerca de una caravana financiada por intereses oscuros y que fue publicitada por medios americanos y nacionales en su peor luz. Si le añadimos las muy desafortunadas declaraciones de algunos integrantes de la misma, era ingenuo pensar que la ola del descontento no se fuera hacer presente.

No estamos hablando de racismo, como veo que tan literal se usa la palabra, pero sí de Xenofobia. Ese miedo (demostrado en coraje) por el extranjero, por el foráneo. No escapa a la vista que este sentimiento se da en una de las ciudades capitales del fenómeno migratorio. ¿Pero cómo sanamos? ¿Cómo nos entendemos? ¿Por qué los haitianos no despertaron estas pasiones? El déficit de empatía que estamos viviendo -no solo en este tema- es muy preocupante. Nos distanciamos cada día más, nos entendemos menos.

Los hondureños no vienen a “invadirnos” o a destruir nuestro estilo de vida y los Tijuanenses no son mini-Trumps, queriendo hacer “Tijuana great again”. ¿Por qué no le apostamos al sentido común y al entendimiento respetuoso como método de dirimir conflictos?

Oponerte a la caravana no te hace xenofóbico, racista, escoria de lo peor. Como tampoco apoyarla te hace un santo de los migrantes. Se pueden tener dudas razonables de la misma, se pueden expresar con la libertad de disentir que todos tenemos, pero todo eso debe ir acompañado por el respeto. Ahí la clave de poder dialogar sin conflictuar.

Recibidos los hermanos hondureños que quieran una mejor vida y su primer intento sea pedir asilo a Estados Unidos, aquellos que infrinjan la ley y pongan en cualquier tipo de peligro a los ciudadanos de Tijuana, tiene que aplicársele nuestras normas jurídicas, no más, no menos. Eso no hace absolutamente a nadie un monstruo.

Si se tiene reservas de la caravana, hay que acercar y ponerles cara a las historias humanas detrás de ellas, no poner en primera fila a los que se quejan de los frijoles, de los que amenazan con acribillar. Mejor hablemos de la madre que sola, enseña a leer a su nena en espera de una mejor vida, del papá soltero que trae a su hijo en brazos desde su país natal. Hablemos de ellos, no de los peores que dan clics o son noticias y eso es responsabilidad de los medios.

Los haitianos despertaron la inmensa simpatía por que todos vimos los estragos que dejó su terremoto, de los cien mil muertos; muchos desconocen en México de la grave crisis social, política que hay en Honduras que, si pensamos que México es violento, Honduras lo es aún más. En palabras del poema que inicia esta columna:

 

Quiero irme a casa,

pero mi hogar es la boca de un tiburón

mi casa es el cañón de la pistola

y nadie saldría de casa

a menos que el hogar te persiguiera hasta la orilla

a menos que la casa te dijera

para acelerar tus piernas

deja tu ropa

arrástrate por el desierto

vadea a través de los océanos

Todos salimos de casa en algún momento de nuestras vidas, unas veces de forma permanente, otras “nos vieron volver”, otras salimos huyendo del tiburón, otras la sirena nos despidió con nostalgia y amor. Seamos mas humanos, tenemos la oportunidad de volver a hacernos más empáticos.

Recuerdo en mis épocas del Seguro Popular, mi entonces jefe, Horacio Millán (QEPD) nos presentó el caso de una hermana nicaragüense que fue abandonada y violada repetidas veces en la frontera. La burocracia administrativa impedía su acceso al Seguro Popular por no ser mexicana, pero Horacio dio la orden terminante de que se le ingresara al programa amparado en la Constitución. No faltó quien preguntara ¿por qué? Y Horacio respondió:

“Por qué puede ser tu hermana, tu hija, tu mama, cuando decida viajar y porque ésto es México, ésta es la cara que tenemos que dar, Por eso.”