Empleos

Por Adrián García

Ensenada.– ¿Cuándo fue la última vez que usted compro un boleto de avión frente a un ser humano?, que tal, ¿rentar una película?, difícil de acordarse ¿verdad? Y esto es porque si bien la tecnología ha simplificado mucho de nuestras vidas, esto ha venido con un costo: Empleos.

La verdad es que mientras más avances tecnológicos se dan, menos gente es requerida en el mercado laboral. En el libro “La segunda era de las máquinas” por los Profesores Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee de MIT, queda plenamente demostrado como si bien la correlación entre productividad y empleo iba intensamente entrelazada, esto está dejando de ser así. A raíz de la última década una realidad se está haciendo latente; simplemente no estamos ocupando a tanta gente laborando. Si quiere ver un ejemplo local, veamos la compañía Dialight que se dedicada a la producción de lámparas LED y que le apuesta a disminuir hasta el 70% de su plantilla laboral y cambiarla por procesos automatizados de tecnología de punta.

Vemos las noticias y esta tendencia solo se acrecienta: Uber y su intentona de crear toda una red de carros que se manejan de manera autónoma como está probando en Pittsburgh, o Tesla y su red de camiones de carga autónomos y eléctricos, bancos que cada día mas se apoyan en cajeros multifuncionales donde uno puede retirar dinero, hacer depósitos, transferencias etc… Estamos en la punta del iceberg.

Si a esto le añadimos el pésimo estado de la mayoría de los programas sociales y del evidente fracaso en ya no terminar, sino al menos disminuir la pobreza, es que nos vemos obligados a replantear lo que estamos haciendo.

De ahí, que me llamo profundamente la atención lo planteado por el Frente Nacional Amplio en voz de Ricardo Anaya:

“En el Frente empezaremos por reordenar la política social. Nuestra principal propuesta es la Renta Básica Universal, que consiste en garantizar un ingreso a todos los ciudadanos, por el hecho de ser mexicanos. Muchos países del mundo están avanzando en esa dirección. La base será revisar los más de 6,500 programas sociales que hoy existen, muchos de los cuales funcionan sin reglas de operación y enorme corrupción.”

 

Los comentarios no se han hecho esperar; populismo ramplón, irresponsabilidad fiscal dicen unos, otros celebran la medida, porque es correcto que muchos países están apostándole a por lo menos estudiar estos esquemas de distribución de la riqueza.

 

En lo personal, me parece fantástica la propuesta, porque amén de estar metido en el tema, de dar pláticas al respecto en foros y universidades de hace años, creo que se trata de humanismo elemental.

 

No comparto la noción de que la gente sufre por que o se lo merece o no le echa las ganas lo suficiente, la verdad es que la vida a veces nos pone en posiciones muy difíciles y nos lanza curvas que no podemos ver. Tomemos el caso de nuestros hermanos y hermanas que se vieron afectados por el reciente terremoto. ¿Podemos vivir en una sociedad donde permitamos que aquellos que perdieron literalmente todo a la noche de la mañana se queden así? Se imagina que diferente seria si ellos supieran que a pesar de la desgracia, hay un sueldo básico universal esperándolos!, O la certeza a aquellos jóvenes emprendedores que quieren vivir de su arte, que quieren emprender esa gran idea que tienen en la cabeza, que quieren seguir su pasión deportiva, su idea de negocios pero no pueden por que apostarle a intentarlo es también apostarlo a perderlo todo, ni se diga de aquellas personas que matan por mil pesos, producto de su ambientes y de decisiones si pero también de una sociedad muy enfocada al capital y al tanto tienes tanto vales.

 

¿Por qué no intentar cambiar al mundo? Y asegurarnos que nadie nunca más le falte techo, comida y salud. Por que quedarnos en el cinismo y en el mundo del NO se puede, por que no se puede. Esto no es un cheque en blanco a prometer sin ser serios, pero la propuesta del Frente cae como aire fresco a aquellos que creemos que todas las personas estamos en el mismo camino, que el dolor ajeno es tan importante como el mío, ¿no vale la pena intentarlo?, ¿no vale la pena creer que es posible? Yo digo que si, y la hora ha llegado. ¿Cómo financiarlo? En mi columna de la próxima semana discutiremos diferentes maneras de por lo menos empezar.