FALTAN LOS COMPLICES. (¡Por fin se está haciendo la luz Estefanía!).

Ensenada.-  Denuncia pública parte II, pudiera intitularse este discurso, porque si bien es cierto, ya atraparon a los monstruos del averno, que se ensañaron con una pobre niña, haciéndola víctima de sus atroces desviaciones sexuales hasta causarle la muerte violenta de una manera cruel y despiadada, también es cierto, que a nadie hasta el momento se le ha fincado ninguna responsabilidad, por haber sido cómplices de tan aberrantes tormentos a los que fue sometida la niña Estefanía Davis González.
¿Qué pasa pues con todos y cada uno de aquellos empleados de gobierno-Me niego a llamarles funcionarios, porque este vocablo proviene de la palabra función y ellos no funcionan, ¡Está visto!-Que ante los ojos de la sociedad, juraron en vano cumplir con la ley o en su defecto hacerla cumplir? ¿Quién les va a demandar por la innegable responsabilidad que por omisión incurrieron al no actuar en su momento, para que esa pobre niña no sufriera y que no se diera el final fatal que tuvo? ¿Podrán estar a gusto con su conciencia? ¿Tendrán el valor para ver a la cara a sus hijos y confesar su ominosa culpa? ¿Contarán con la entereza suficiente, como para admitir y confesar que pudieron hacer algo, y no lo hicieron? ¡Qué tristeza y que bajeza! ¡Ojalá y que en verdad la sociedad se los demande! Porque en estricto apego a la ley, todos los personajes que tuvieron injerencia en este horrendo caso desde el principio, deben de ser llamados a cuentas, para que la comunidad sepa quiénes fueron los cómplices indirectos de que la inocente niña sufriera lo que sufrió y muriera como murió a manos de personas sin escrúpulos, que para colmo consentían las mismas autoridades.
Como ya lo decíamos en discurso anterior, una investigación integral en torno a los hechos, involucraría a esa entidad de gobierno que pretende ser un remedo del 911 norteamericano y que se identifica como C-4, pero que no sirve más que para dos cosas, ¡Bueno para tres! ¡Para nada! ¡Para pura Chingada! Y para que sus empleados vayan a tomar café y a comer lonches y tortas, tratando de ligar vía telefónica.
Ahí está el quid de la cuestión, porque existen evidencias, consistentes en dichos de personas que aseveran que cuantas veces llamaron procurando el auxilio para la pobre niña, lo primero que se les preguntaba ¿Ah es la niña de las lomitas? (Sic.) Para luego agregar: “Ya tenemos conocimiento” (Sic.) o “ya se tomó nota de su reporte” (Sic.) o la mentira más grande que se le puede decir a una persona desesperada por el auxilio o el apoyo “Ya va la unidad para allá” (Sic.)
Y digo que es la mentira más grande porque la famosa unidad nunca llega y cuando lo hacen ya es demasiado tarde, pero volviendo al caso de esta inocente niña también existen testimonios, de que al lugar en ocasiones si iban los policías en alguna patrulla, pero nunca hicieron nada y entonces la gente se pone a cavilar y la conclusión obligada fue de que las sujetos activos del delito-Porque ya era un delito-O bien hicieron uso del influyentismo que al parecer tenían o en su defecto, “Verbearon”(Sic.) o “Charolearon”(Sic.) a los policías.
Pero como aquí en nuestro México querido, la premisa más fuerte es la de la desconfianza porque incluso, existe una frase o dicho acuñado para ello que dice: “Piensa mal y acertaras” vamos a pensar mal y vamos a considerar que lo que realmente sucedió, es que los policías se intimidaron o simplemente se dejaron cooptar, poniéndose la camiseta de los del puebla.
A mí lo que me llama la atención es la actitud de los policías, porque siempre que se trata de un caso en donde no importaría que fueran arbitrarios, se comportan muy apegados a la legalidad, pero cuando no se necesita, si hacen uso de la fuerza pública y si cometen tropelías en contra de los ciudadanos, entonces lo que se me ocurre es que cambien su slogan y que en vez de que diga “Estamos para servir” dijera “Estamos para perjudicar”.

Y no hago estos señalamientos de modo temerario, lo hago con conocimiento de causa, acuérdense del caso de los niños que murieron calcinados, por falta de capacidad o de recursos de la fuerza pública y de protección civil, incluyendo a los bomberos, pues se dice, que el empleado de la gasolinera aledaña al sitio en el que ocurría el incendio, se negó a prestarles el equipo de contingencia que se tiene para esos casos en la gasolinera, argumentando, que él no tenía autorización para prestarlo, ¡Qué poco carácter de los agentes de las fuerzas del orden! Ahí no se trataba de autorizaciones, ahí se trataba de un caso de extrema urgencia que merecía la prevalencia del principio de autoridad, pero desgraciadamente no hubo los tamaños suficientes para ejercer ese principio y dos niños inocentes murieron por incapacidad de quienes estaban obligados a protegerlos.
Así en el caso de Estefanía, actuaron con negligencia, cobardía y debilidad, por lo tanto la investigación necesariamente tendrá que proseguir ese sendero y basta con remitirse a las órdenes del día o de servicio, para saber quién o quienes atendieron reportes y no hicieron lo debido, siendo omisos para cumplir con su deber.

Igual suerte tendrán que seguir los empleados del DIF. Que desoyeron las quejas y reclamos de familiares y vecinos y que por falta de voluntad no actuaron en favor de quien necesitaba de auxilio y protección. Por ello las investigaciones deben abarcar este sector público.
Otro sector que no se debe de olvidar en la investigación es el del magisterio, puesto que ellos en la escala de la protección de niños, están en segundo término, porque el primer escalón lo tienen los padres o quienes ejerzan la patria potestad, que en este caso ya se vio la niña estaba desamparada por completo en manos de dos entes que no pueden ni deben ser comparados con los animales, porque hasta las hienas protegen a sus cachorros.
En la indagatoria que se lleve a cabo, se debe de incluir a cuanta persona haya tenido injerencia en el caso, sin importar que sean jueces o ministerios públicos, pues los destinos de la sociedad están en sus manos, como también lo están los derechos naturales más importantes de la persona humana, el de la vida que es el número uno, el de la libertad que es el número dos, el de la salud que es el número tres y de ahí pal real, todos aquellos que son inherentes al individuo cuyos juicios de valor son prevalentes por sobre todas las cosas.
Por salud social, habrá que evidenciar a todos y cada uno de los empleados de gobierno que actúen con negligencia, con desgana, con prepotencia y que al margen de la sensibilidad social y de servicio, sean omisos en el cumplimiento de las obligaciones que voluntariamente asumieron, ojala pues sirva de algo lo que aquí se dice, para sanear un poco este medio y se les inyecte a quienes trabajan para el gobierno, pero que cobran a nuestras expensas una verdadera vocación de servicio y mayor sensibilidad social, para que no se presten a componendas y actúen acorde a la ley, haciendo su trabajo, solo su trabajo, partiendo del principio aquel que dice: “A los enemigos consideración y gracia….. A los enemigos la ley a secas”.
En ese orden; para que exista la credibilidad en nuestras instituciones, porque está en juego el bien común y lo sucedido trastorna el orden público, debe de llevarse a cabo la investigación exhaustiva, integral y puntual de los hechos inherentes al caso de esa pobra niña que en vida fue desvalida y desgraciada impunemente.
Por mi parte despedida no les doy, porque no la traigo aquí, pero si mando un efusivo saludo a la mexicana, recordándole la progenitora a todas aquellas personas que directa o indirectamente permitieron que muriera de la forma que murió la niña Estefanía Davis González, pues está demostrado que falleció, porque el sistema de gobierno no la protegió, como tampoco ha protegido a múltiples víctimas de abuso y como contrapartida utilizan ese tipo de caso del orden sexual, para venganzas personales, para extorsionar y para cobrar.
¡Así la dejo pues! Y como dice Don Rafael Loret de Mola ¡Abundaremos!
Y como digo yo ¡Nos vemos en la próxima! Si Dios o El Sistema nos lo permiten.

Para Rada Noticias Escribió.
Miguel Alfaro García.
E-mail: magabogado@hotmail.com.




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