La tranquilidad perdida

Por Adrián García

Ensenada.- Es evidente que tenemos un problema de seguridad pública. Nuestra ciudad, famosa por su paz y tranquilidad – aun cuando en los municipios conurbados hubiera “guerra” entre cárteles de la droga – ya no lo es más. Asesinatos, robos en todas sus modalidades y asaltos, son el quehacer de cada día. En lo personal, un sábado de madrugada sorprendí a un individuo, de no más de 18 años, salir corriendo con mi bicicleta y ni hablar de la disca donde mi papá preparaba su famoso pollo empanizado y este es un caso menor.

En los medios han salido casos de madres de familia que, con pistola en mano y apuntando, son despojadas de sus vehículos, o los comerciantes que son atados de manos en sus negocios y vaciados sus locales.

¿Qué está pasando? ¿Estamos condenados a que esta sea nuestra realidad? Habría que contextualizar cuáles son las causas de esta ola criminal. Resulta un tanto evidente que la transición del viejo sistema de justicia penal al nuevo ha sido muy difícil de asimilar. Se cuentan por los cientos las anécdotas donde los propios policías que atrapan a un ladrón, suspiran en frustración porque saben que estos serán liberados sin mayor problema, por considerarse delito no grave su conducta criminal.

Ha dejado cosas positivas el NSJP como la aceleración en los procesos y en la mejora de los derechos humanos, pero el saldo ha sido negativo en cuanto a percepción ciudadana e índices de delincuencia.

Se puede argumentar también que este es uno de esos casos donde el país intenta verse moderno en materia de justicia, pero el horno no estaba para bollos, ocupábamos hacer una transición más parcial donde la cultura del mexicano se fuera adaptando a las reformas. Entiendo que este tipo de reformas son la norma en países avanzados, pero sabemos que México tiene un déficit en materia de desarrollo social, cultural, económico.

¿Entonces qué podemos hacer?

 

  • Como sociedad nos toca dejar de glorificar la cultura criminal, ya sea porque lo vemos en series de televisión, en corridos o en libros. Hay una glorificación por la cultura criminal. Vemos programas que hablan de las leyendas del narco y los aplaudimos, esperamos a que el “Chema Venegas” se salga con la suya, damas que presumen andar con criminales, hombres que desean el estilo de vida. No podemos por una parte exigir al gobierno seguridad absoluta y por otra parte ir por la vida cantando acerca de asesinar a nuestros rivales, echarle porras a Tony Montana y andar hablando como malhechor. Todo suma y la seguridad pública es tarea de todos. Desde no ofrecer mordidas hasta ser amables y generosos el uno con el otro. La tranquilidad de nuestra ciudad es también producto de nuestra cultura como ciudadanos.
  • Reformas al Código Nacional de Procedimientos Penales para tipificar como graves los delitos donde se emplee la violencia o uso de armas. Esta reforma solo es posible desde el congreso federal, NO del local.
  • Mayores penas a los delincuentes reincidentes. Si hay antecedentes de previos encuentros con la ley, el inculpado merece inmediatamente no tener derecho a libertad condicionada y a una pena mínima de sentencia. Esto no significa que a mayor número de encarcelados menor número de crímenes. Hay estudios que nos dicen que no necesariamente van de la mano para bajar las tasas de criminalidad, pero sí ayudan en dar un viraje cultural en cuanto a cómo se percibe que el crimen es penalizado.
  • Dejar de politizar la seguridad pública. El estado más violento del país es Guerrero gobernado por el PRI. Le sigue Morelos gobernado por el PRD. Guanajuato está en quinto lugar, gobernado por el PAN y Nuevo León se ubica en el top diez y es gobernado por un independiente. La criminalidad no reconoce de siglas y flaco favor se hacen los partidos en estar repartiendo culpas por baratos puntos políticos.
  • Mejorar las condiciones económicas de la ciudad suena tan elemental, pero se nos olvida que la creación de empleos bien remunerados no solo para profesionistas sino para todo la sociedad, trae consigo, amén de bonanza económica, bajas en las tasas de criminalidad. Esto solo se logra atrayendo inversión, creando industrias, infraestructura y fomentado la cultura emprendedora.
  • Aumentar el número de policías, equipo en la ciudad, tenemos un déficit de cerca del 35% en capital humano. Está demostrado que un aumento en policías reduce las tasas de crimen en la población. También sirve mucho elevar la moral de nuestra corporación, mejores sueldos, seguridad social, garantías de casa habitación. Todo influye.
  • Pensar por fuera de la caja. El doctor Gary Slutkin puso a prueba una posible solución al problema de violencia en las calles de Chicago. La trato como si fuera una epidemia infecciosa (literal). Capacitó a personal para ser expertos en ubicar a personas muy proclives a delinquir, después se trabaja no solo con el sino con su entorno (similar a como una persona infectada con tuberculosis tiene que ser tratada junto con las personas que tuvo contacto) y después se construye todo un tejido social alrededor de ella, oportunidades de beca y capacitación. Parte de la premisa fundamental de que muchas personas dedicadas a actividades ilegales son humanos que por circunstancias de la vida se perdieron, este tipo de programas le apuesta a recuperar parte de la humanidad perdida. Por cierto, el programa ayudó a reducir en un 47% la tasa de violencia en la zona más conflictiva de Chicago que tiene la tasa criminal más alta de Estados Unidos y muy similar a la peor zona mexicana.

 




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