Maldita Navidad capitalista inventada por Los Iluminati para alienarnos a todos

Por Néstor Cruz Tijerina*

Hay que estar muy, muy, muy, pero muy amargado de la cola para decir que la navidad es una mierda y que de ella sale puro consumismo y pura superficialidad pisteadora.

Eso no excenta su parte de verdad: a estas alturas la mayoría de la gente que cobró un aguinaldo ya se lo gastó. Y hasta debe pa´l año que entra.

Y es cierto que hay un montón de miserables que se pelean entre sí en el Walmart por los juguetes, valiéndoles coño el significado de amor y hermandad que tiene la fiesta. A ellos, jugando por Facebook, los comparé con el ñu de la savana africana, pero con derechos civiles.

Cabe mencionar aquí que también el origen cultural de la festividad es MUY cuestionable, ya que no sólo es el cumpleaños de Jesucristo, sino también de Orus, Osiris, Krishna, Zarathurstra, Mithra, Buda, Heracles, Dionisio, Tammuz, Adonis, Hermes, Bacchus, y Prometeo… toooodos ellos inventados antes que el dios que nos tocó geográficamente, lo cual alimenta el escepticismo de cualquiera que no esté enajenado.

Pero… ¿cómo diantres uno se va a poner de malas por que toda la gente esa, que en su día a día es ojete, hoy te saluda y te quiere abrazar y te sonríe y se porta amable? Sí, malditos hipócritas, pero podríamos considerarlo como una tregua.

Sólo por mencionar: hoy 24 fui a una papelería que frecuento y la vieja cara de bulldog que nunca ni siquiera devuelve el saludo, esta vez, al terminar de enmicarme algo, me dijo “que pase una muy feliz navidad, joven; que su familia encuentre la paz y la unidad necesarias para que el siguiente año sea más bonito”.

“Ber-ga”, fue mi reacción -sí, con b de burro pá que no digan que soy un vulgar-. Pero por otro lado, pensé “qué chilo”. La anciana maltratada por la vida este día tiene esperanza y buenos deseos. ¿Deveras ni con eso crees que vale la pena la navidad?

Oye, hoy se va a reunir la familia. Y ya sé que hay muchas que sí lo hacen consuetudinariamente. Y qué bien. Pero la inmensa mayoría no.

Hoy se perdonan las grandes afrentas telenoveleras como que Petra miró mal a la esposa del hermano y ya valió madres la sana convivencia. Se dan la mano, un beso, se estrechan entre los brazos y renuevan la confianza. Claro, hasta que Jacinta sea ahora quien vea feo a Petra y todo se rompa de nuevo.

Pero así es la naturaleza humana. Somos animales. Changos, pues. Y necesitamos acicalarnos un ratito, unir a la manada, contar cuántos plátanos nos comimimos, a qué árboles nos trepamos en el año que termina, cuántas lianas hicimos en nuestro tronco. Qué se yo.

A los mocosos, sí, se les engaña con la leyenda esa del Santaclós. Y aquí quiero anotar algo: cuando era un adolescente con camisetas del Chéguevara y furúnculos en la jeta, cuando odiaba a Estados Unidos y creía que el marxismo ruso era la onda, juré ante los dioses en los que no creía que cuando creciera JAMÁS le mentiría a mis hijos sobre Santa y demás cosas inventadas por el sistema capitalista para robarnos el alma.

Pero carajo: bien encausado, el Santaclós hasta sirve para desarrollar la imaginación de los niños. A mi hija le dije que en mi carta a Santaclós le pedí que toda la gente fuera feliz sin regalos. Y se quedó con cara de rombo, pero ya entendió que no todo es como en los anuncios de la Cocacola y de Mattel. Ahí ya depende de cada uno.

Lo que sí me rompe las bolas -y aprovecho este espacio para soltar toda mi furia-, es que ahí vayan los padres irresponsables a comprarles a sus hijos regalos que los embrutecen como las tablets y los videojuegos.

Ojo, no estoy hablando mal de esos aparatos (de hecho a mí me encantan y me han ayudado para no terminar a veces en el psiquiatra con ataques de ansiedad, porque la vida, ya saben, un día sí y otro también veces es culeis). Estoy hablando muy mal de los papás que se los dan y permiten que se pasen ahí todo el maldito día.

O sea, ya sé que quieren checar su feis o ver las telenovelas o las películas o jugar sus propios videojuegos. Pero por el amor del cuestionado dios: pónganles un límite. Salgan aunque sea un ratito a patear una estúpida pelota con ellos. Cuéntenles aunque sea una de vaqueros. SEAN PADRES.

En fin, ya me estoy molestando y alratito ya no podré pasar una blanca navidad. Mejor aquí le paro. Y aunque mañana mi misantropía adquirida me lleve a odiar a toda la humanidad sin distinción de raza o género, por hoy les deseo mucha diversión y amor, mucha paz y alegría familiar.

*Néstor Cruz es periodista, Director de la revista Reportaje. Entusiasta de la literatura y de la libre determinación de los pueblos del Polo Norte.