Por Yuver Maceda
Ensenada.- Un grupo de investigación del Cicese conformado por Stephen Bullock, Martín Escoto, Stephen Smith y Alejandro Hinojosa, reportaron que la ciudad de Ensenada emite 400 mil toneladas de carbono a la atmósfera, por año. Esto es, 3.6 toneladas por cada habitante.
De ese total, 70% lo emiten los vehículos y la industria instalada dentro de la zona urbana que opera en la ciudad, y 13% se debe a la generación de electricidad.
El resto corresponde al calentamiento de agua y preparación de alimentos, así como las emanaciones de la basura y la respiración humana.
Para medir cuál es el aporte de los vehículos de Ensenada a las emanaciones de carbono, en este estudio contabilizaron la cantidad de gasolina que se vende en la ciudad; por lo regular se toma en cuenta el número de vehículos, pero en la ciudad se presenta un porcentaje de automóviles que no están registrados y consideraron que una muestra de ese tipo sería imprecisa.
De esta forma pudieron medir a cuánto equivale el bióxido de carbono que se genera a partir de la combustión de gasolina.
En la zona urbana, 9 de cada 10 personas están expuestas a niveles de contaminación del aire que superan normas internacionales de seguridad, según datos de la Organización Mundial de la Salud.
A pesar de ser prácticamente invisible, se ha convertido en un problema que requiere una especial atención debido a los riesgos a la salud que esto representa, pues la contaminación del aire es un peligro silencioso que aumenta rápidamente por las actividades industriales, el transporte, la agricultura y las actividades cotidianas del hogar.
La exposición a estos puede provocar efectos a la salud como irritación en los ojos, nariz, garganta y la piel, carcinogenicidad, así como trastornos respiratorios, reproductivos y genotóxicos.
Con la intención de hacer más visible este reto social hacia el medio ambiente y generar mayor conciencia, la ONU enfocó el Día Mundial del Medio Ambiente hacia la Contaminación del Aire para este 2019.
Toxicidad y efectos neurológicos
El técnico del Departamento de Óptica del Cicese, Marco A García Zarate, evaluó los efectos psiconeurológicos y tóxicos para el organismo humano por la exposición prolongada a los BTEX en estaciones de servicio de Baja California.
En uno de sus estudios, seleccionó una muestra de 4 de las 37 estaciones de servicio que hay en Ensenada (todas ubicadas en zonas de alta densidad poblacional). Aplicó 370 cuestionarios con la guía de Síntomas Neurológicos y Psicológicos (diseñado por el Instituto de Medicina del Trabajo de Alemania), capaz de evaluar los sistemas funcionales de organización de la actividad psíquica, del sistema nervioso central y el estado de salud. Los entrevistados, quienes tienen edades de entre 15 y 90 años, fueron seleccionados dentro de un radio de 250 metros a cada estación de servicio, de manera aleatoria.
Entre los resultados generales, se encontró que 24.3% del grupo evaluado presenta efectos de déficit de atención por inhalar COV en el medio ambiente (BTEX), y 7.56% a un nivel sobresaliente, lo cual incluye síntomas como: distraerse fácilmente, dificultad para recordar cosas sencillas (nombres y personas), falta de memoria y dificultad para concentrarse.
Los resultados muestran que los efectos de la exposición de BTEX son más acentuados en las zonas más próximas a las estaciones de servicio y varían según factores sociales, la edad, la salud o la economía, así como del tipo de contaminante a que es expuesto, tal como el dióxido de carbono (CO2), los compuestos orgánicos volátiles (COV) y las partículas (PM2.5 y PM10).
Los defensores del ambiente indican que el desarrollo de políticas públicas en salud no tiene en cuenta las numerosas vías de exposición a sustancias químicas a las que están expuesta la población, y que las autoridades federales no pueden distinguir los efectos nocivos a la salud por la exposición a los COV que individualmente generan efectos genotóxicos, carcinogénicos, hematotóxicos, nefrotóxicos, neurotóxicos o actúan como disruptores endócrinos, entre la población dentro de la zona urbana.
“El crecimiento no planificado en la mancha urbana ha provocado que la asignación del uso de suelo de diversas actividades económicas resulte conflictiva con el tiempo, por lo que es de suma importancia dar a conocer este tipo de estudios para que el tomador de decisiones gubernamental este enterado sobre los posibles riesgos a la salud, y así buscar soluciones que ayuden a mantener el equilibrio ambiental dentro de la mancha urbana”, agregó.
