Por Yuver Maceda
Ensenada.- Al pasar 8 meses sin agua la vegetación queda muy seca y se convierte en combustible natural que, al crearse las condiciones climáticas apropiadas, el viento, oxígeno en el ambiente y alguna chispa, se pueden provocar incendios a gran escala, dieron a conocer las maestras en Manejo de Ecosistemas de Zonas Áridas Claudia Leyva y Paula Pijoan.
Ante integrantes de grupos ambientalistas realizaron un recorrido por el área boscosa del Cañón de Doña Petra, a través del Comité de Vinculación Empresa Escuela de Ensenada (Covee), con el fin de promover la concientización, divulgación y prevención para evitar incendios y fomentar los valores éticos.
Indicaron que los incendios naturales son benéficos para la salud de un bosque, porque renuevan y crecen nuevas semillas. Estos incendios ocurrían originalmente cada 8 o 10 años, como parte de un ciclo natural.
Advirtieron que, por el disturbio antropogénico, los incendios están ocurriendo cada año, provocando pérdida del paisaje y erosión de los suelos que no permiten el crecimiento natural de la vegetación (post incendio).
“Esa situación es peligro inminente para las personas que habitan en áreas cercana a sobre los cerros aledaños. Al no tomarse en cuenta los taludes y la capacidad de carga de las partes altas donde no hay raíces de plantas que le den soporte y que permitan la captación de agua de lluvia, pueden ocurrir deslaves y colapse de los cerros”, advirtieron.
Las especialistas comentaron que las plantas invasoras presentes en la zona, tienen la capacidad de resistir a los cambios y desplazar a las nativas, lo que provoca tener vegetación que puede ser un foco de riesgo en épocas de sequía.
Ante esa situación, subrayaron, se requieren bosques y vegetación nativa, para asegurar una mayor protección y soporte en los suelos.
El Cañón de Doña Petra toma su nombre de una señora a la que llamaba así y que vivía en un terreno dentro del bosque en el año de 1869, revelaron las oferentes de la plática.
El bosque estaba poblado de encinos, alisos y otras plantas nativas y endémicas en abundancia, sin ninguna perturbación en el paisaje, situación que empezó a cambiar hace unos 10 años.
“Actualmente, gracias a todos los cambios de uso de suelo y la expansión de la mancha urbana, nos encontramos con plantas invasoras que van “quitando terreno” a la vegetación originaria”, indicaron las especialistas.
