Si Felipe no se la hubiera robado en 2006

Por Sergio Castillo Palacios

Ensenada.– Si Felipe Calderón no se hubiera robado la presidencia en 2006, las cosas sin duda serían muy distintas. El país hubiera tomado un rumbo diferente; muchas personas hubieran sido beneficiadas desde entonces por el presidente López Obrador con sus programas sociales que tanto gustan al sector popular.

Aquel lema de campaña “Por el Bien de Todos, Primero los Pobres”, se entendería mucho mejor que en la actualidad, pues ya llevaríamos 14 años de práctica en el tema y los niveles de pobreza seguramente ya hubieran disminuido de manera significativa. Ni el PRI, ni el PAN, democracia popular; hubiera permitido un crecimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en compañía de sus aliados Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano.

Seguramente no se hubieran dado las traiciones al interior del “Sol Azteca”, como las que hicieron el grupo de “Los Chuchos”, que al final se aliaron con el PAN y terminaron desinflados como están hoy por su ambición desmedida. El sucesor en el 2012, por la Presidencia de la República hubiera sido de manera natural el actual Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon, después de culminar su encargo como Jefe del Gobierno del Distrito Federal.

Siguiendo la misma lógica, Miguel Ángel Mancera no hubiera traicionado a sus jefes y en 2018 hubiera sido la carta fuerte de Marcelo para “la grande” en el 2018. Si Felipe Calderón no se hubiera robado la presidencia, El PRI no hubiera regresado a gobernar la nación con Enrique Peña Nieto y tendríamos ya tres sexenios emanados de la izquierda mexicana, abanderando el proyecto alternativo de nación.

En 2006 las intenciones de López Obrador eran las mejores, venía de culminar su mandato al frente del Distrito Federal, con todo “el envión” de un estadista demócrata, legitimado por el voto popular. Su trabajo en la Capital fue buenísimo, la mayoría queríamos el cambio verdadero, pero el fraude prosperó y se gestó la historia que ya todos conocemos con el espurio Calderón, que inició una guerra que nos llevó a enfrentar niveles de inseguridad que jamás hubiéramos imaginado.

Si Felipe Calderón no se hubiera robado la presidencia de México en el 2006, otro gallo nos cantara en este momento; seguramente yo hubiera sido mucho más feliz y no hubiéramos visto encumbrarse a la gente que lo hizo y que sólo se benefició a sí mismo.

*El autor es Licenciado en Periodismo